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sábado, 18 de octubre de 2008
Feria Internacional de Tecnología de Berlín (IFA)
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Sección: Tendencias Tecnológicas
domingo, 31 de agosto de 2008
Crean una visualizador inmaterial 3D del tamaño de una habitación
Lector:
Dentro de poco, el llamado entretenimiento inmersivo no consistirá sólo en caminar a través de imágenes 3D, sino que también seremos capaces de manipular esas imágenes suspendidas en el aire. Un grupo de informáticos de la Universidad de California en Santa Barbara han creado el prototipo de un visualizador inmaterial en 3D del tamaño de una habitación. Para ello han usado la mejor pantalla de niebla que hay en el mercado (la FogScreen), unos proyectores y un sistema que monitoriza los movimientos de la cabeza del usuario. Según sus creadores, el resultado ha sido satisfactorio y un gran paso en este campo, aunque todavía se puede mejorar. En un futuro, este visualizador podría usarse para hacer operaciones quirúrgicas virtuales o para labores de vigilancia, creando algún tipo de telepresencia.
Cha Lee y Stephen Diverdi y Tobias Höllerer, de la Universidad de California en Santa Barbara, han usado dos FogScreen (literalmente, pantalla de niebla) y proyectores, así como un sistema para seguir los movimientos del usuario, para conseguir el efecto tridimensional, al que han llamado DFD (Depth-fused) 3D. Los resultado de este estudio serán publicados en la revista IEEE Transactions on Visualization and Computer Graphics.
FogScreen es un sistema para proyectar imágenes. Una imagen proyectada sobre una pantalla FogScreen parece flotar como por arte de magia, ya que está formada por pequeñas gotas de agua y ondas ultrasónicas.
“El gran avance de nuestro DFD es que los observadores no tienen que llevar ningunas gafas para ver una escena 3D”, comenta Lee en declaraciones a PhysOrg. “Aunque los visualizadores volumétricos ya poseen esta cualidad, su tecnología limita mucho su uso. Los visualizadores volumétricos están restringidos a un espacio, de tal modo que los usuarios no pueden interactuar. El DFD permite interacción y muchos puntos de vista”
Varias pantallas
El visualizador DFD contiene una o más FogScreen que proyectan una fina capa de niebla sobre la que, a su vez, se proyecta un haz de luz. La niebla dispersa la luz para crear una imagen que literalmente flota en el aire. Para conseguir el efecto tridimensional, la misma imagen se presenta en dos pantallas situadas a distintas profundidades. A su vez, la posición de la cabeza del usuario es monitorizada, ya que las imágenes 2D proyectadas sobre cada una de las pantallas varían en función de hacia donde éste dirija su mirada. El sistema calcula el alineamiento de la imagen en tiempo real, de tal modo que el usuario ve una imagen en 3D allí donde las pantallas coinciden.
En sus experimentos, los investigadores de la Universidad de California en Santa Bárbara compararon tres configuraciones de FogScreen diferentes para determinar cuál de ellas proporcionaba la imagen más clara: dos pantallas en paralelo, dos pantallas en perpendicular y una sola pantalla en paralelo con una pared, a cuatro metros de distancia.
Los usuarios que tomaron parte en las pruebas confirmaron que podían percibir el efecto 3D en las tres situaciones. Después, los investigadores optimizaron las configuraciones y las condiciones de la habitación. En cualquier caso, la opción con una sola pantalla mostró algunas ventajas sobre las demás, ya que no provoca tantas turbulencias y, desde un punto de vista práctico, es mucho más sencilla y barata de instalar.
Muchas mejoras
Los creadores de este visualizador apuntan que todavía se puede mejorar, sobre todo en términos de alineamiento, turbulencias o errores en el seguimiento del movimiento de la cabeza del usuario.
“Para que un objeto 3D sea casi real, debe aparecer exactamente donde se le espera, sin importar lo que el usuario esté haciendo”, comenta Lee. “Factores como posibles oclusiones, errores de calibración o escenas dinámicas son un gran reto. Cualquiera de estas situaciones, junto a un error en el sistema de seguimiento del usuario, puede hacer que éste note errores o distorsiones. Para nuestra investigación hemos usado el mejor visualizador inmaterial, el FogScreen, pero cualquier mejora en estos dispositivos mejorarán también la fidelidad de las imágenes y la interacción”.
Pese a estos retos, lo cierto es que este experimento ha significado un gran adelanto para el desarrollo de un visualizador en tres dimensiones del tamaño de una habitación, donde los usuarios puedan ver una imagen desde cualquier ángulo e incluso interactuar con ella.
“Un visualizador inmaterial tridimensional sería el visualizador ideal”, comenta Lee. “Un tour virtual por un museo o una oficina virtual podrían ser algunas de sus aplicaciones. Además, en futuras aplicaciones, se podría usar para hacer operaciones de cirugía virtuales (por ejemplo, se podría ver un corazón enorme en tres dimensiones) o para crear algún tipo de telepresencia en ambientes reales (por ejemplo, un guarda de seguridad virtual).
Este sistema, denominado Heliodisplay, no se basaba en la holografía, sino que modificaba el aire por encima de un proyector de tal manera que hacía aparecer ante nuestros ojos, como de la nada, una pantalla de 27 pulgadas.
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Sección: Tendencias Tecnológicas
miércoles, 7 de mayo de 2008
Desarrollan un software que mejora nuestra inteligencia fluida
“Brain Twister” aumenta hasta un 40% la capacidad para resolver problemas
Investigadores de la Universidad de Michigan han desarrollado un software, llamado “Brain Twister”, que es capaz de hacernos más inteligentes. En concreto, sus creadores sostienen que su desarrollo mejora nuestra “inteligencia fluida”, o sea, nuestra habilidad para razonar rápidamente y resolver problemas a los que no nos habíamos enfrentado con anterioridad. Esto demuestra que la “inteligencia fluida” no es inmutable, como se creía hasta ahora. En los test llevados a cabo, quienes participaron fueron capaces de mejorar en pruebas de cociente intelectual un 40% después de entrenar con “Brain Twister” durante 19 días a razón de 25 minutos por día. Por el momento, no está prevista su comercialización, ni se puede descargar de Internet.
“Lo más importante de este trabajo es que podemos demostrar que es posible mejorar la inteligencia fluida”, comenta Martin Buschkuehl, que es el responsable de esta investigación, llevada a cabo en la Universidad de Michigan, en declaraciones recogidas por la revista Wired. “Se asumía que la inteligencia fluida era inmutable”
Para demostrar esto, Buschkuehl y su equipo han desarrollado un software al que han llamado “Brain Twister”. Éste es una adaptación compleja del llamado “n-back task”, un test bastante complicado de memoria visual.
En la versión más sencilla del “n-back task”, una secuencia de imágenes es presentada unos pocos segundos y se pide a los participantes que casen un dibujo con otro idéntico que se presentado previamente.
El desarrollo de Buschkuehl es más complejo, ya que los participantes oían, al mismo tiempo que aparecían los dibujos, una serie de letras, de tal manera que tenían que casar los sonidos a la vez que las imágenes. Esto hacía la tarea muy aleatoria.
La inteligencia fluida mide cómo la gente se adapta a nuevas situaciones y resuelve problemas a los que no se había enfrentado con anterioridad. La inteligencia fluida difiere de la “cristalizada”, que tiene en cuenta conocimientos y destrezas que habíamos adquirido, como vocabulario, gramática o matemáticas.
Es sabido que es posible mejorar el cociente intelectual haciendo muchos test que miden dicho cociente. Sin embargo, aprender a hacer estos test no significa que podamos mejorar nuestra inteligencia. En términos prácticos, la gente puede ser muy buena haciendo test, pero en la vida diaria eso no se traduce en tener un nuevo y brillante cerebro.
Es en este punto donde el software y la investigación de Buschkuehl, recogida en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), es totalmente novedosa.
En la prueba limitada de “Brain Twister”, él y su equipo fueron capaces de que 34 sujetos mejoraran las respuestas de un test de conciente intelectual después de entrenarles en tareas de memoria totalmente separadas (sonidos e imágenes). En este caso, y yendo en contra precisamente de la asunción de que la “memoria fluida” no cambia por mucho que se la entrene, los sujetos que practicaron con el software mejoraron sus resultados en un test de cociente intelectual llamado Bochumer Matrizen-Test.
Inicialmente, los sujetos que participaron en la investigación hacían una media de 10 preguntas correctas. Después de entrenarse con el software desarrollado por Buschkuehl y su equipo durante 19 días a razón de 25 minutos al día, su porcentaje subió a 14,7, es decir, una mejora de más del 40%.
Cuanto más entrenamiento, mejor
El equipo de investigación postula que el “n-back task”, sobre el que han basado su software, mejora la memoria de trabajo (estructuras y procesos usados para el almacenamiento temporal y la manipulación de la información en nuestro cerebro), así como la habilidad para controlar la atención del cerebro. En los test de inteligencia fluida se necesitan ambos tipos de pensamientos, y el entrenamiento lo que hace es, precisamente, mejorarlos.
Los investigadores de la Universidad de Michigan están ahora trabajando en estudiar los efectos a largo plazo del entrenamiento. Además, trabajan en ampliar la cantidad de entrenamiento de los usuarios que lo están experimentando. En el artículo aparecido en el PNAS, no encontraron un límite para esa mejora, sugiriendo que cuanto más entrenamiento con el software, más mejora de la “memoria fluida” se consigue.
“Cuanto más entrenamiento, más se mejora la “memoria fluida”, comenta Susanne Jäggi, que también ha participado en esta investigación, en un comunicado de la Universidad de Michigan.
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Sección: Tendencias Tecnológicas